Cada ciclo del taller funciona con un orden claro: lectura comentada, ejercicio de estilo, corrección y encuentro mensual. Esto es lo que notarás desde las primeras sesiones.
Escribirás cada semana con una consigna concreta, no cuando llegue la inspiración. El hábito se entrena con fechas de entrega y lecturas asignadas.
Tu manuscrito recibe comentarios por escena, no un visto bueno genérico. Señalamos qué funciona en el diálogo, qué sobra en la descripción y dónde pierde tensión.
La dramaturgia clásica enseña que cada réplica debe mover el conflicto. Aplicamos esa lógica a tus cuentos y guiones para que los personajes hablen con intención.
Analizamos a Molière, Racine y otros autores en sesiones guiadas. No es teoría suelta: cada texto se estudia para extraer recursos que usarás en tu propia página.
El encuentro mensual reúne a autores en distintos puntos de su proceso. Leerás en voz alta, recibirás impresiones honestas y conocerás a quien corrige tu estilo.
Desde la primera lectura hasta la corrección final, cada etapa del taller tiene un propósito claro: que tu texto avance con método y sin prisas. Este es el orden que seguimos en cada ciclo.
Recibimos tu manuscrito o tu idea inicial y hacemos una lectura comentada. Te devolvemos un informe con fortalezas, zonas de fricción y un plan de trabajo realista para las semanas siguientes.
Trabajamos con fragmentos breves: réplicas, descripciones y escenas sueltas. Cada ejercicio apunta a un problema concreto de tu texto, no a una teoría abstracta. Corregimos sobre lo que escribes.
Con el diagnóstico en mano, reescribes una escena completa. Te acompaño en las decisiones de estructura, voz narrativa y ritmo. Aquí es donde el taller se vuelve práctico de verdad.
Revisamos el texto final con lápiz fino: coherencia interna, estilo y pulido de la prosa. Terminamos con una sesión de lectura en voz alta y un plan de publicación o de continuidad para tu proyecto.